Y resonaban las pisadas en el cuarto vacío, tu sabes, el tipo de sonido que se da en cuarto donde solo hay 2 personas, y una de ellas camina al rededor del otro, mientras el que esta amarrado tiene miedo, sintiéndose inocente de una ejecución casi segura; nadie habla, pero los 2 entienden que esta pasando, es el macabro juego del gato y el ratón, con la diferencia de que esta vez el ratón tiene los tobillos triturados.
Ya después de un rato, de unos momentos de incertidumbre que habrían hecho añicos la paciencia de la persona más tranquila, el captor pregunta con un tono burlón:
- Crees en el destino?
Mientras un hombre de 40 y tantos años, regordete, poco cabello y en un traje de dudosa calidad traga saliva.
- Crees o no crees?
Aparentemente la curiosidad asusto más al señor Mendiola, que si bien el sabía que su vida no había sido la más "correcta" de las vidas, no lograba entender porque un muchacho iba a secuestrarlo, mantenerlo presa del miedo, sin comer, sin dormir, sin nada, y todo para hacer una pregunta tan (según el punto de vista de aquel hombre) banal.
Al final decidió responder:
- No.
El secuestrador comenzó a golpetear de una manera casi rítmica, sonriendo y tomándose su tiempo, parecía disfrutar cada momento, tomando una fotografía mental de aquel momento.
- Sabes, tenemos un punto de vista muy similar. Si bien algunos (o casi todos) dirían que la vida es injusta, muy pocos somos los que nos hemos enfrentado a esa injusticia, estamos acostumbrados a esperar que todo sea acorde a nuestras necesidades, sin detenernos a pensar si hay alguien en el mundo con peores cosas de las cuales preocuparse... y es que, porque habríamos de hacerlo? nos vale verga la demás gente en el mundo, y todo se debe a que es muy poco probable que conozcamos a muchos de ellos... El destino, el Karma, el juicio final, todas son promesas para los que quieren pensar que alguien que vivió haciéndole mierda la vida a otra gente tendrá un castigo y el hecho de que muchas veces esa esperanza no se vea lograda es lo que provoca el resentimiento, el dolor, la maldad, y es que el corazón es un arma de doble filo, si no se sabe cuidar se ensucia, se corrompe y eso es lo que hace que exista gente como yo.
- Y eso que tiene que ver conmigo?- preguntó el Sr. Mendiola tartamudeando.
- Quién sabe, probablemente y nada, pero la realidad es que muchos de tus errores han vuelto a ti en forma de venganza, por eso tenía curiosidad de si creías en el destino o esas cosas.
- Pues sigo sin creer en esas cosas, pero más de una vez llegué a pensar que podría acabar así.
- Y Como te sientes?
- Un poco aliviado, supongo.
En ese momento casi se le olvido al señor Mendiola que estaba secuestrado, parecía una platica común y corriente entre 2 personas que se conocieran de hace tiempo, amigos, familia, algo así.
- Lo único que no entiendo es... por qué a mí?
El secuestrador dio un largo suspiro, realmente estaba esperando la pregunta desde hacía un buen rato, pero parecía no muy seguro de como contestar, o más bien, de como continuar el juego sin que el señor Mendiola se diera cuenta de lo que realmente estaba pasando.
- Para mí esto es como elegir la ropa que usarás durante el día.
El señor no pudo evitar hacer una expresión de asombro, simplemente le pareció una respuesta ridícula.
- Hay veces en las que solo ves tu guardaropa y tomas lo primero que tengas a la mano, hay veces en las que decides con mucha anticipación que es lo que usarás, eso mismo hago hago yo, hay días en los que puede ser la primera persona que vea, o como en tu caso, ir planeando poco a poco que es lo que hay que hacer.
Un eslofrío recorrio por completo el cuerpo de Mendiola, quien acababa de perder toda esperanza a que todo eso se debiera a una casualidad.
- Y que harás conmigo?
- Que crees que podría hacer?
Hubo un silencio largo y pesado.
El secuestrador salio del cuarto por un rato, cuando volvio tenía un arma de fuego pequeña en la mano izquierda, el señor Mendiola sabía que significaba.
- Te llego la hora amigo.
Entre tanto aquel hombre lloró por primera vez desde que le habían tenido cautivo.
El secuestrador se acerco al hombre y le acomodo el arma en la sien, mientras le decía:
- Mamá te manda saludos.
La reacción del señor fue de confusión, por lo menos hasta que recordó un detalle de sus días de juventud.
-Damián?
- Papá.
boom!
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1 comentario:
O.O
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